Los urus y su anhelo de revivir la navegación en el lago Poopó

El lago Poopó, una vez vital para las comunidades urus, ha sufrido una drástica disminución de su superficie en la última década. Limbert Sánchez Choque, subdirector del Centro de Ecología y Pueblos Andinos (CEPA), afirma que es posible recuperar al menos la mitad del lago a través de un plan maestro que contemple obras hidráulicas, dragados y una mejor regulación del uso del agua.
El 27 de agosto, coincidiendo con el Día Mundial de los Lagos, se hace eco de la importancia de estos ecosistemas y la necesidad de su conservación. El Poopó ha enfrentado múltiples crisis de sequía, siendo 2014 uno de los años más críticos, cuando el lago se secó casi por completo.
A pesar de algunos periodos de recuperación, las sequías se han repetido en 2018, 2021 y 2023. Aunque las lluvias de 2025 lograron cubrir un 70% del lago, esa recuperación ha sido efímera, y en 2026 solo se reporta un 30% de su superficie bajo el agua.
La situación del lago se ve agravada por el uso del agua del río Desaguadero, que alimenta el Poopó. Las demandas del riego en La Paz y Oruro, junto con la minería y el efecto del cambio climático, afectan el caudal que llega al lago. Además, la alta evaporación en el altiplano y la acumulación de sedimentos complican aún más la recuperación del ecosistema.
Un plan para el futuro del Poopó
Sánchez Choque propone un enfoque integral que no solo busque recuperar el lago en su totalidad, sino asegurar que al menos un 50% de su superficie sea preservada. Esto implicaría crear estructuras que contengan el agua y una normativa que regule su uso.
La vida de las comunidades urus, como Puñaca Tinta María, Villanique y Llapallapani, ha cambiado drásticamente con la pérdida del lago. La pesca y la caza, que solían ser sus principales actividades, se han visto interrumpidas, llevando a muchos jóvenes a buscar nuevas oportunidades en otros lugares.
La conexión emocional con el lago perdura. Erasmo Suma Flores, un miembro de la comunidad, expresa su tristeza por la desaparición del Poopó, recordando momentos en los que la vida giraba en torno a sus aguas. A pesar de los desafíos, los urus continúan realizando ceremonias y ofrendas a la divinidad del agua, Mamá Qocha, manteniendo viva la esperanza de que un día el lago pueda volver a ser parte de su vida cotidiana.