Revelaciones sobre la calidad del aire en Nueva York tras el 11-S

Durante una conferencia de prensa, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, junto al activista Jon Stewart, presentó una vasta cantidad de documentos que evidencian que las autoridades de la ciudad estaban al tanto de la mala calidad del aire en Manhattan después de los ataques del 11 de septiembre de 2001.
Los documentos, que incluyen hallazgos sobre la presencia de asbesto en la Zona Cero, indican que los funcionarios afirmaron a la población que el aire era seguro para respirar, a pesar de las preocupaciones internas sobre su calidad.
Mamdani señaló que este encubrimiento ha llevado a que muchas personas se enfermen. "La gente enfermó porque los líderes en los que confiaban les mintieron", expresó, subrayando que las enfermedades relacionadas con la exposición al polvo y humo del colapso de las torres han causado más muertes que los propios atentados.
La revelación de estos documentos es el resultado de una demanda del grupo 9/11 Health Watch, que buscaba transparencia sobre la información que la ciudad poseía. En 2022, se encontraron 68 cajas con los documentos que previamente se habían negado a existir.
Mamdani también anunció que el Ayuntamiento destinará más de 34 millones de dólares para investigar esta situación y que más documentos serán publicados en el transcurso del próximo año.
En la conferencia, Jon Stewart criticó duramente la falta de reconocimiento de la toxicidad del aire en Manhattan, señalando que la ciudad no admitió la realidad hasta octubre de 2001. Stewart hizo una broma sarcástica sobre el tiempo que se tardaron en hacer esta revelación.
Entre los documentos presentados se destaca un memorando que advierte sobre la posibilidad de enfrentar hasta 35.000 demandas legales por la respuesta de la ciudad a los ataques, lo que demuestra el nivel de preocupación que existía entre las autoridades en ese momento.
Testimonios de ex-emergentistas, como el de Elizabeth Cascio, reflejan la angustia de aquellos que estuvieron en la zona, quienes sabían que el aire era extremadamente tóxico, lo que subraya la gravedad de la situación y la falta de información que sufrieron los neoyorquinos tras el atentado.