viernes 28 de agosto de 2026
Sociedad

Preparativos en Bolivia ante la amenaza de 'El Niño'

Por Redacción

Bolivia se encuentra en proceso de preparación para los posibles efectos del fenómeno conocido como 'El Niño', el cual podría desencadenar eventos climáticos severos en el transcurso de los próximos meses, que incluyen tanto sequías prolongadas como lluvias intensas.

Expertos en climatología han señalado que este fenómeno está vinculado al aumento anómalo de la temperatura en las aguas del océano Pacífico. En esta ocasión, 'El Niño' se presenta en un contexto de temperaturas globales elevadas, producto del calentamiento global.

Las principales amenazas para el país radican en la escasez de lluvias y la posibilidad de precipitaciones fuertes, situaciones que van a variar considerablemente de una región a otra en Bolivia.

Según un estudio del biólogo Juan Alberto Rojas, de la Universidad Autónoma del Beni, el periodo comprendido entre agosto y octubre presentará un riesgo medio-alto, con un probable aumento en las temperaturas y condiciones de sequía.

Se anticipa que el riesgo aumente entre noviembre y diciembre, un tiempo donde se espera mayor frecuencia de olas de calor, junto con efectos adversos en la agricultura y un incremento de sequías. Febrero podría ser un mes crítico, con un impacto significativo.

Históricamente, el fenómeno de 'El Niño' puede durar entre nueve y 12 meses, habiendo su punto más álgido entre noviembre y diciembre, con efectos que pueden variar según la región del país.

En episodios previos, como los de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, se registraron importantes déficits de lluvias, especialmente en el altiplano y los valles, mientras que algunas regiones de tierras bajas experimentaron un aumento en las precipitaciones.

Para mitigar los riesgos, se recomienda adoptar medidas de prevención antes de que se intensifiquen los fenómenos climáticos. Esto incluye un uso responsable del agua y la implementación de estrategias preventivas por parte de productores y agricultores, para minimizar posibles pérdidas causadas por sequías, olas de calor o lluvias intensas.